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La Coctelera

Hola, desde hace tiempo escribo en mi propia página-blog



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Remedios para mentes asustadas: la física y la evolución

Remedios para mentes asustadas: occidente contra el miedo metafísico: universo (leyes) evolucionando. Agujeros negros y mentes "newtonianas": ""The life of the cosmos" (Lee Smolin).

Los físicos también escriben contra el miedo. Lee Smolin lo hace *. Ante todo lo primero que resulta simpático de la física es la salida del "sentido común", fatídico invento que a veces parece creado para convencer a ese invento que llamamos "los pobres" para que además sean -otro invento- lo que decimos "tontos".

Como siempre es una pena que todo vaya tan despacio. Aparte de que la educación estabuladora debería rápidamente convertirse en otra cosa en este nuestro rebaño occidental, también la imagen newtoniana de un universo frío ahí fuera, alejado de nuestros muy humanos principios debe tener fin (no todos nos hacemos ingenieros, y los ingenieros pueden dejar de ser -en gran parte- marionetas, es posible).

Las galaxias tienen una ecología... nuestro universo como un todo también, y evoluciona, en la teoría de Smolin.

Mirad (con "la imaginación") un agujero negro. Se podría comenzar a aprehender el universo desde ese mirar las (anti)ventanas que supuestamente para Smolin "encerrarían" otros universos. Las fronteras del universo parece que son también precisamente esos agujeros negros.

En el proceso de (no)mirar un agujero negro hay que alejar de uno el sentimiento, la imagen fría y quietista del espacio tridimensional y el tiempo absoluto corriendo, que parece común pero que ningún físico-matemático respeta ya demasiado para poder ganarse el pan y/o entender algo. Hay que ponerse el chip de esas cosas que se dicen con rimbombantes palabras: coevolución auto-organizada...

¿Qué pasa con esa equívoca percepción que llamamos "tiempo", en ellos, en los agujeros? ¿Y "las leyes"?

Hacia nosotros llega luz desde las cercanías del agujero. De él no viene a salir nada. Pero miramos hacia allí mientras para nosotros transcurre un tiempo, esto es, se mueven nuestros predecibles aparatos, algunos haciendo tic-tac. Lo que "haya" más allá del horizonte del agujero no admitirá la conmensurabilidad con nuestro tiempo. Por tanto para empezar no es tan difícil creer que allí pueda haber "otro universo": en cierto modo está claro que ahí hay algo "otro". Y aquí podríamos meter otra vez la tópica coletilla: no está todo descubierto, por ejemplo para nuestro caso es importante el hecho de saber combinar la relatividad general y la mecánica cuántica -en sentido amplio.

Y más. Aquello del Big-bang nos prepara para relativizar "el espacio-tiempo" (expansiones, explosiones... etc.)... así que viva la especulación y el embobamiento que os puede producir (no-poder)mirar dentro de esos agujeros fronterizos. Más embobamiento quizá si ya estáis algo familiarizados con la literatura científica, por ejemplo la de divulgación.

Cabe la posibilidad de que nos encontremos en un agujero negro en otro universo, y así sucesivamente. Si es el caso y si vamos inventando experimentos para comprobar tales cosmologías, a Dios no le va a dar mucho tiempo a regentar tantísimas cantidades de universos en evolución.

¿Habrá otra cosa que universos dentro de universos? ¿Qué significa 'dentro' cuando este proceso se multiplica?

 

* Me temo que no hay traducido nada aún al castellano, pero entonces ¿por qué no vender/tener libros tan "importantes" como "The life of the Cosmos" en nuestras librerías -y bibliotecas- aunque sea en inglés? Si nuestras minorías nacionales vasca y demás tienen que aprender español ¿por qué no sabemos todos ya inglés como si de una lengua materna más se tratase? ¿Por qué tanta gente oye y no escucha el inglés? ¿Tendrá que ver con que España sea uno de los países más "desiguales" de eso que llaman "Europa"?

Reseñas:

Una

Acerca de "nunca hemos sido modernos" (nsm).


(Nota: ese es el título de un pequeño texto de Bruno Latour: nunca hemos sido modernos ("nsm" para nosotros). En ese texto se solucionan o aclaran rápidamente muchos problemas, con una "claridad" que podríais necesitar a la hora de perder el tiempo interesándoos por la inmensidad de los escritos "ensayísticos" (sociología, filosofía, etc.), y para siquiera empezar a pensar de forma general y a la vez práctica "la propia materia" (procesos, engranajes...) de la que están hechas "las sociedades". )

Hace unos siglos científicos como Boyle, que aparece en nsm, dijeron cosas tan claras como que ellos sólo eran representantes de las cosas mudas, que la muda naturaleza y sus fenómenos y objetos hablaban gracias a su mediación, que su papel era el de meros mediadores. El esquema es claro y fructífero, así como un político supuestamente se abandona en manos de la multitud representada para ser su mero portavoz, sin demasiados intereses (lo contrario a lo normalmente ocurre), los objetos testifican con todo el derecho del mundo entre las cuatro paredes del laboratorio y con la ayuda de gente que puede dedicarse a hacer hablar a esa pobre mudita que es la naturaleza, con procedimientos y materiales variados. Esquema también demasiado simple si nos pretendemos filósofos-científicos hasta las últimas consecuencias y queremos conceptualizar todo lo que verdaderamente se pone en juego, sobre todo a estas alturas, en nuestras sociedades hiperpobladas de híbridos natural-culturales. Esos intereses, en el caso de los representantes de los objetos, también existen: desde la observación más chabacana y principiante de que ahora la mayor parte de "la ciencia" en el país donde más hay de esto (EEUU) depende del dinero privado, hasta cualquier observación más profunda sobre lo que significa un concepto ampliado de "intereses" en relación a que "la ciencia es la política por otros medios".

Lo que Latour llama la constitución moderna necesita para funcionar de unos mediadores de laboratorio que hablen por los objetos, un trabajo de mediación. Este trabajo, para ser moderno a la antigua usanza, ha de ser purificado inmediatamente, para pasar así a hacer proliferar más tipos de mediaciones y más procesos de purificación que nos den más purísimas leyes del universo y demás herramientas teórico-técnicas. Estas dos cosas se traslucen en nuestro lenguaje en lo siguiente: hay dos polos, la naturaleza y la cultura, completamente separados. Cuando mediamos en el laboratorio extraemos propiedades de la naturaleza y nos queremos olvidar de todas nuestras concepciones culturales. Sin embargo, cuando estamos metidos en cultura, política, etc., nos pretendemos olvidar de todos los representados mudos, los que no sean sujetos humanos, y pasar a reunirnos, con copa y puro si hace falta, con los nuestros: partidos políticos, etc. para representar a "los votantes", "los parados", etc. etc.

Entre medias de todo ello está la realidad de los procesos que involucran y mezclan a humanos y no-humanos, traducen intereses, experiencias, conocimientos... pues nunca hemos abandonado lo que en nsm se dice la "vieja matriz antropológica": no hubo jamás nada más que naturaleza/cultura juntas, de lo cual cada vez más encontraréis una muestra no sólo en los libros de antropología, sino en los periódicos: miles de híbridos de naturaleza y cultura/política son puestos a hablar. Por mucho que nos enfoquemos en los "antiguos" experimentos simples, caracteres simples de la naturaleza, reproducibles o estudiables casi en cualquier sitio y con cualquier cosa... siempre hay que hablar de lo que ocurre para que esa realidad exista y para ponerla en juego. Sólo existen esas trascendencias del "tomar apuntes" de algo sucedido, aunque sea simple, generalizar gracias a la simplicidad... tomar nota de los procesos y mezclas, de las inscripciones y traducciones que nos permite realizar nuestra experiencia anterior o nuestros aparatos y riquezas acumuladas para conseguir "hacer hablar a las cosas". Siempre se trata de "colectivos" de humanos y no-humanos, siempre se hace natural-culturalmente, sin separar ambos polos realmente. Así es la realidad y así se la hemos contado, pese a que la separación trascendental en los dos polos fue condición para la actual proliferación de híbridos natural-culturales (proliferación obviamente "peligrosa" si no extendemos la democracia con el conocimiento de los procesos reales, y proliferación "políticamente significativa"; Latour hablará al final del libro de la democracia de las cosas).

No vale decir que la intuición de la realidad a la vieja usanza es tan básica como que obviamente cuando nos morimos sigue habiendo cosas, naturaleza, y por tanto la creencia está plenamente justificada. Sí, pero debe haber más humanos-natural-culturales para seguir hablando y mezclándose (co-evolucionando) con ella. No se trata de creer o no creer en "la realidad", por supuesto, sino de conseguir los instrumentos conceptuales que hacen falta, filosófico-políticamente hablando, para aclararse con lo que siempre pasó y pasa, y para "progresar" en cierta manera en nuestra comprensión y estudio de la materia de las sociedades.

Cuando hacemos entrar en sociedad a lo que verdaderamente son híbridos natural-culturales, a nuestras teorías, nuevos aparatos, etc... estamos cambiando el contexto, co-evolucionamos con la sociedad co-fabricando la materia de la que está hecha en tanto tal. Imaginando cómo ven el mundo aquellos mudos objetos, representándolos, materializamos otros devenires que no sabemos adónde llevarán mientras reprimimos el trabajo de mediación con el cual conseguimos todo ello, y todo para seguir purificando y purificando sin cesar más y más trabajos de mediación, dando lugar a más y más híbridos.

No es que el mundo deba exactamente "parar", se trata de que el oficio de la humanidad siempre fue también el pensar, y nunca ha habido condiciones más idóneas para ello ante la actual monstruosa proliferación de híbridos.

Vivimos en redes inseparables de colectivos de humanos y no-humanos y queda todo el trabajo por hacer para hablar de ellos.*

* Por hablar de algo relacionado con lo que nos las hemos tenido que ver (y por ser algo optimistas), nos puede despejar el panorama un sencillo avance en fundamentos de la matemática. Hay una estructura básica y fundamental que aparece por doquier en matemáticas y que nos plasma/cambia en cierto modo una "otra" visión fundamental -más "en red"- de las mismas. Ésta depende de cambiar nuestro chip hacia ver que lo fundamental, lo que da cuerpo a los seres matemáticos que conocemos son las relaciones, las "flechas" ("morfismos" es el nombre usual y conocido para las simples relaciones generalizadas en este contexto más conceptual, y es usado fructíferamente como ladrillo básico en nuestras construcciones matemáticas, matemático-conceptuales, o incluso filosófico-matemáticas (Badiou)). En el enlace que acabo de poner comencé/amos hace tiempo -sin continuarlo- una plasmación internetera de los comienzos de este ligero pero no baladí cambio conceptual. Allí hay más pistas.

"Formas de vida". Y sobre el porqué de que un "pobre" vote a veces a "la derecha"

Formas de vida.

(Comentarios relativos y vulgarios sobre cosas parecidas a las que cuenta G. Agamben.)

Una utópica "existencia" es -donde las haya- la de los "átomos"/vacíos/etc. que componen y atraviesan incesantemente nuestros cuerpos: ¡pretenden todos ellos, juntos, ser "felices"! ¿Cómo se habrá llegado a este increíble suceso? (¿Cómo? ¿Si ni siquiera son siempre los mismos átomos o moléculas...? (¿Quizá es por eso, porque no son siempre "lo/s mismo/s", en último término?)) :)

Digamos que quizás se debe a una larga historia "biológica" en nuestro planeta: "especies" y "especies" anteriores a la nuestra, repitiendo los esquemas de "¡ay, quiero "vivir" a toda costa". Estructurillas procreadoras anhelantes. Animalicos...

¿Qué es vivir? ¿Una forma de relacionarse la "materia" con la "materia", con cierta complejidad, en alguna forma "superior" a la de las meras escalas de "caos inferiores"? ¿Sólo posible en determinados lugares del universo con determinadas condiciones de "baja energía"... etc. ?

Y hete aquí que entramos los humanos tras unos cuantos miles de millones de "años" y nos atrevemos a pensar lo siguiente, cual dioses (por ejemplo cuando vemos una colmena de abejas, un atajo de bacterias o células, o una bandada de chillonas golondrinas de mar pescando...): " ¡¡¡cómo es posible tanta estupidez, tanto afanarse inconscientemente por el mero mantenerse "vivos" !!! "

Y ellos, con su mera existencia a menudo digo yo que ya estarán contestando a la pregunta, con otra: ¿pero qué dices? El bobo eres tú. ¿Acaso un cacho de "vacío" o un rayo de luz se pregunta por su ser? ¿Acaso se lamenta? ¡Imbécil: has perdido la facultad más básica del universo: no preguntarse o cuestionar estupideces! ¡no mezcles tu "ciencia", pardillo, con tu divina animalidad!

Como seres vivos, aquella inutilidad es comprensible, para algo somos también "ellos". Y lo seremos pese a que la cultura o nuestras circunstancias se encarguen muy a menudo de convertirnos o de parirnos como pobres, locos, mierdas... etc. Comprendemos que con ese afanarse locamente por lo que normalmente se considera una vida cuerda vienen para los más suertudos algunas satisfacciones inmediatas y otros prodigiosos círculos viciosos: gustos (sentidos varios), en algunos casos evoluciones -a menudo desaprovechadas- en las capacidades de uno (comprensión, ejecución de tareas...), otras veces el indispensable sentido del sexo (el sexo sentido), a veces incluso la crianza de unos hijos o ahijados...

Habrá un sentido en que resulte que los menos locos entre los seres humanos son los locos y los niños. ¿No hay que estar muy loco para vivir y vivir día tras día sin más? ¿No son los días demasiado largos y demasiado tontos? Cuando imagino a los más locos me pongo a pensar en los políticos: figurantes ignorantes, de una obra de teatro que creen demasiado real, jugando a veces a pistoleros, a "los que están arriba y pueden hacer lo que quieren"... y otras veces a meros opositores. Pero en realidad no llegan ni a locos, son simplemente actores de ese juego de rol y que quizá nunca "se salieron", como tantos "profesionales". La civilización es un enorme juego de rol, ya sabíamos, enormes bandadas de estúpidos dando vueltas estúpidamente a las mismas ciudades del consumo -recordemos que la vida parece tonta a veces-, tontos y más tontos que pacemos el pienso y elegimos más o menos al son de lo que nos cantan, nos vamos metiendo por las rendijas que nos dejan y acomodando nuestro pensamiento a lo que realmente se puede. Sociedades-rol pobladas de esferas de disfrute más o menos estancas, y donde además hay mil planos, que no hay que dejarse engañar ante tanto personajillo, claro.

Y todos los locos y los niños se supone que no se preocupan por la felicidad, al menos que yo recuerde -como ex-niño-, aunque desafortunadamente aún no me veo del todo como loco -pues aún me preocupa aún de vez en cuando mi vida y mis ex-sueños -.

Un niño parece que simplemente es, tiene toda la potencia en sí, desde luego, y quizá eso es lo que le da la fuerza para soportar las condiciones más extremas de esclavitud con una inocente sonrisa en la boca. Un loco... ¿ya no es?

Pero nuestro mundo a veces parece hecho por los adultos: seres preocupados por la impotencia que da a veces la consciencia de ser "un adulto", un infeliz, un ya-no-niño, un idiota que debe montarse y esperar espectáculos que le tengan atado a una cosa que en realidad muchas veces no quiere del todo: vivir. Máxima y terrorífica, dramática "inteligencia" de eso que decimos ser un humano adulto, esa capacidad. ¿En realidad está compartida por todos los animales y es condición para que por ejemplo queramos criar crías? Digamos que no creo que sea biológicamente lo único, pero alguien lo podría pensar así.

El mundo parece inevitablemente destinado a ser configurado "políticamente" por esta última raza de desposeídos con muchas posesiones y eternamente insatisfechos, los adultos, eternos frustrados moviéndose de aquí allá, intentando no perder los últimos retazos de niñería mientras en realidad hacen todo por perderla (si es que antropológicamente podemos universalizar desde aquí, desde nuestra no-humilde posición de occidentales que ya "hemos" "desterritorializado" todo el planeta con el oro negro y nuestro muy oscurantista afán "occidental".).

Desde siempre ha habido impulsos momentáneos para no dejar gobernar más a los adultos. ¿Será posible tal inversión? No hay nada que perder, la vida está para gastarla y ni nuestra "inteligencia" ni nuestra especie de todas maneras serán "eternas" -y da lo mismo tal cosa: no tiene sentido-, así que por qué no, podríamos buscar esa inversión, ya que no hay nada más decadente que la mayoría de los adultos que
nos gobiernan, sea bien desde detrás del escenario: aguerridas multinacionales guerreras, etc. o bien sea -supuestamente- desde la falsificación "espectacular": políticos subnormales.
O que "no nos gobiernan", y sólo dan (damos) a los botones inconscientes que nuestros verdaderos y estúpidos gobernantes nos ponen delante cual zanahorias.
Hablar de formas de vida (formas de felicidad, felicidad) frente a mera vida, nuda vida (como hace o hizo un divo de las sólo-letras como Agamben) ¿es entonces una forma de hacer metafísica con el hecho biológico de la "maduración"?

¿Hacerlo es rechazar nuestro mundo configurado por los necesariamente cínicos y despilfarradores adultos y por la "frustración inteligente"?

¿Las recodificaciones -en el espectáculo (políticos, trabajadores...)- de las formas de vida verdaderamente felices, creadoras, están ahora mutando, se supone, y se conforman en formas de vida realizantes y felices, al menos en las altas esferas, o eso dicen? Política y empresa unidas, felicidad y capitalismo. Por ahí arriba, los que tienen algo de dinero y poder, los que juegan al capitalismo... parece que piensan en el sentido de la definición de Agamben: pensamiento como pegamento que da consistencia, posibilidad, a las formas de vida, frente a la nuda vida.

Los de abajo soportamos la infelicidad del mutismo y la precariedad, pero por ahí arriba no valen las distinciones. Por abajo ocurre que aquellas formas de vida, el principio de felicidad, pasadas por la batidora del poder + medio kilo de realidad, se congelan en formas de sobrevivir, estados semicomatosos a veces aterrorizados por el fantasma de la vida biológica orgánica y/o el látigo del poder: terrorismo secretamente secretado por los poros del capitalismo totalitario, precariedad, hambre, desterritorialización infinita, sometimiento esclavo.

A un niño nunca se le ocurriría distinguir vida de vida feliz, esto es, la nuda vida de las formas de vida que requieren ser ligadas, pegadas, con esa tan altisonante palabra y ejecución: pensamiento. ¿Cómo eliminamos del planeta la posibilidad de separarlo? ¿Cómo eliminar esa faceta del ser adulto? ¿Alguna especie de la tierra lo ha conseguido o lo necesitó antes?

Nuestro problema es la sacralización de un fantasma: la vida biológica. La nuestra, la de cada uno, que a veces parece algo a respetar, antes que cualquier forma de vida y claro, a costa de la felicidad, lo primero es la mera supervivencia. Por eso, sólo siendo irrespetuosos ante la mera vida, sólo siendo políticamente incorrectos, aunque claro, de una forma cómoda, eso sí, no necesariamente espectaculista (como la de esos otros "locos ignorantes", Hitler y secuaces (émulos de nuestros políticos actuales en el manejo de lo que son ya genocidios globales que superarán seguramente por todos lados a los de la Alemania nazi)) podremos divertirnos y pensar o divertirnos pensando -y por tanto no necesariamente matando-, por ello, Agamben, aunque "sólo" sea un parcial intelectual "de letras", tiene textos divertidos, hacen tilín, que para eso sirven los profesionales de la lectura: para sacar a la gente de sus casillas. Ay, pero pobres de nosotros, que una vez fuera de nuestras casillas pero sin ser catedráticos de algo... je, pobres, la que nos espera...

Los "intelectuales" se supone que no sirven para hacer más espectáculo sin más, o no deberían, pero ya que lo que guía es el disfrute al leer incluso "ensayos" preguntémonos: ¿dónde estaba escrito que de lo que se trataba era de disfrutar? ¿El qué significa disfrutar está claro que depende de cada cual? ¿Y dónde pone que todo disfrute individual proporcionado por letras nos lleve a donde se quería? ¿Cómo se combinan? ¿Son vivibles, combinables, de una forma no aristocrática estos disfrutes?

Sobre el por qué o los nuevos porqués de que los pobres voten a veces a "la derecha"

Cuando te haces mayor, al menos en mi caso, aquellas cosas "incomprensibles" de antes se convierten por arte de magia en algo natural (como la vida misma, ahora entiendo eso de "natural como la vida misma").

Una de esas cosas es la de qué pensamos nosotros los + o - pobres, los pensamientos que surgen dentro de nuestra masa -a veces clarividentes-, que mucha gente metería simplistamente dentro de las diversas categorías al tuntún: "pensamiento de la derecha/izquierda...".

Hay un caso que a cualquiera se le ocurre de aquello de los pobres y la derecha, el de la inmigración. Alguna gente ha percibido y pensado simple y conjuntamente las siguientes cosas:
A más demanda de casas y trabajo más caros tales "bienes". Para algo vivimos en un "capitalismo" tan intocable.
En partes de "la izquierda" se llega a hablar de papeles para todos, esto es, que los inmigrantes que se jugaron la vida y/o sus ahorros para venir a este mundo de despilfarro multinazionalista tengan la posibilidad de cierto bienestar que se supone que los demás ya tienen, lo que supone percibir que quizás con las medidas de esa "izquierda" venga más y más gente a competir y para repartir lo que se percibe como que "ya no hay" o que nunca ha habido (como es el caso del estado del bienestar en este cutre país llamado España, algo que nunca ha existido).
Por tanto, en este mero ejemplo de "juntar" pensamientos y percepciones, ya es lógico que se vote a lo que se llama la derecha. Parece fácil y habrá que apechugar con ello. Miles de millones de personas en este planeta desean sin duda tener algo sustancioso que llevarse a la boca todos los días varias veces, y por tanto una parte de ellos desea venirse aquí, donde están los centros de distribución, consumo, administración, etc., y a poder ser venir con sus familias y amigos. A cualquiera se le puede ocurrir, y piensa que de hecho materialmente, aquí, tantos miles de millones de personas no caben, y por cierto, ya puestos, es a "lo que se debería" llegar (si no se piensa o añade nada más).

Con nuestras interesadas ciencias económicas mentirosas y tramposas desde hace tiempo que se fueron a predicar nuestros profetas encorbatados, hacia muchos países, a menudo para hacer un poco más difícil a las poblaciones el auto-organizarse para siquiera comer (apertura de mercados... monocultivos... capitalismo repentino...).

¿Y qué de los demás pensamientos-creencias?

Otra cosa que agobia es el patente no hacer caso a la palabra "masa" en eso de la "sociedad de masas". Nos hemos criado como se cría a las gallinas en una fábrica, vidas que cuanto más adulto te haces más te das cuenta de que no merecen la pena ser vividas (las nuestras propias con los hábitos, lugares, etc., en los que te encuentras como "lo único que sabes"). Te haces mayor y los requerimientos son mayores, no quieres gallineros por ejemplo, quieres tener voz, importar en un mundo que en general ya está delineado, con lo difícil que es importar algo en este mundo de guerra civil constante... Y eso aparte del problema que en cualquier civilización supone hacerse mayor en nuestra especie: necesitas tu sitio (y no vale con una burbuja en la habitación hasta que no se nos implante algo que nos haga más robotitos y menos animales). A nadie le resulta cómodo, parece, mezclar el pensamiento de que somos una especie de plaga, con todo lo demás: los humanísimos humanistas generalmente no hacen caso de lo más fácil de pensar para todos, de las obviedades que a cualquiera se nos ocurren, como las cuestiones del número y la biología. Tampoco la metafísica del politiquerismo o de la filosofía nos permite señalar las patentes reglas "animales" que guían cualquier pensamiento y acción: salir guapo en la foto metafísica, incluso competir por la comida y las parejas... etc. Y cuando te das cuenta qué cerca está esa "biología" y cuánto se impone tal cosa inconscientemente (tanto que a veces mejor sería sustituir casi completamente los pretendidos conceptos por cosas brutales como "tú lo que quieres es..."...), resulta que gran parte de los antiguos respetos se derrumban.

De mezclar todo esto y quizá alguna cosa más resulta una percepción diferente, aunque no sea totalmente de simpatía/apoyo, de el anterior hecho: que los pobres voten a lo que llamamos "la derecha".

¿Cómo prevenir los excesos de la familia? Y algo sobre "situacionismo" y "ciencia"


Tampoco es como para exagerar y hacer un foro contra la familia, así como otros han hecho el foro de la familia, para su protección y tal, pero la familia es algo, como todo, ambiguamente peligroso.

El amor es algo que no se paga por la sencilla razón de que no todas las uniones de personas, esto es, convivencias... etc., se dan sólo con el dios dinero mediante, aunque por supuesto que tal y como es "nuestro sistema", ahora, en todo, lo que más importa es el dinero (y sólo va palpablemente detrás de otra cosa cuando se trata de algunas de esas experiencias fuertes compartidas quizá largo tiempo o en momentos especiales: amistades, amores, de años atrás, etc.).

El dinero es un medio que permite destacarse precisamente en eso, por ejemplo: relacionarse, amarse. Pero las inscripciones que las convivencias dejan en los cuerpos inconscientemente, y que tras los años crean eso del amor-odio duradero... obviamente se pueden pagar con dinero, pero no ocurre así en muchos casos. Por ejemplo está el caso de los hijos, cuando son muy pequeños (aunque las personas que más se relacionan con las crías malcriadas son a menudo las criadas rusas, rumanas, ecuatorianas, etc., que crían a nuestros futuros jefes occidentales sin tiempo, de padres occidentales profesionales de esos que no paran de "trabajar", de ser "muy legales", y jugar a perversiones varias, entre ellas la del trabajo.)

Por motivos económicos y culturales la familia se convierte en una trampa: cuando eres joven no lo sabes, no sabes que lo mejor de lo mejor no se paga, y que esas cosas son del estilo de aquellas relaciones, las que tienes con tus padres o hermanos sin haberlo siquiera pensado, son relaciones que en el futuro te gustará empezar o haber empezado ya con otra gente, variada, de "fuera" de tu familia. Puedes quedarte atrás en esa práctica, sin haberte dado cuenta, pues el amor no es nada trascendental y se cultiva, pero eso aún no lo sabes, tampoco sabes cuánto vas a necesitar cultivarlo fuera de la familia o fuera de el círculo "x".

En familias pequeñas o pobres cultural y monetariamente hablando puedes quedarte atrapado en una esfera que poco a poco se convierte en una esfera de amor-odio. Es la manía que tenemos a menudo. Y no hay cosa que más asco me dé al respecto que los chistes que rondan por el mundo sobre las estancias sobre-alargadas en "la comodidad" de la casa familiar de algunos jóvenes de hoy en día o de ayer. Que no te enseñen a cocinar, que no aprendas nada, etc., el no tener necesidades propias..., el criarte como un inútil porque todo el mundo lo hace... el criarte para ser pobre, triste, para ser y sentirte menos que inmigrante en tu propia ciudad, para estar fuera de todo... todo eso está claro que llega un punto en que no son otra cosa que auténticas maldiciones, no comodidad. Y son maldiciones pues la difícil y larga o costosa preparación que unos padres "puedan dar" a sus hijos -así se dice, oh horror-, preparación para el absurdo mundo de castas oscurantistas del trabajo, es muy a menudo una farsa catastrófica.

Entonces la pregunta: ¿Cómo prevenir los excesos de la familia?

Hay casos en que un poco de organización bastaría. Por ejemplo el idílico supuesto de que, habiendo los medios (casas suficientemente grandes, ganas, amistad...) dos o más familias distintas quisieran compartir sus vidas y largarse, dejando a los niños -quizá ya lo suficientemente mayores- la mayor parte del tiempo en una de las casas. Así de fácil. A menudo se dice que los niños son auténticos extraños para los padres, y las convivencias llegan a ser torturadoras. Como solución, lo anterior es sencillo en algunos casos.

¿Nadie se encarga de estas cosas? ¿Parece que cae y se soluciona por su propio peso? Como siempre, las experiencias se tirarán a la basura. La gente que cría bien y tiene dinero o cultura para hacerlo lo hace en su esfera y ya está. Cada uno en su/s casa/s y dios en la de todos. Ahí está el truco.

PD: Al cierre de esta edición, los ofrecimientos de novias pour moi aún no han llegado.

De lo concreto a lo general. Maniobras del pensamiento desesperadamente impecables en el libro:

"Relación del envenenamiento perpetrado en España y camuflado bajo el nombre de síndrome del aceite tóxico".

¿Etiquetajes contra la verdad? La "verdad" no vende, la verdad en cuanto a lo que sucede en realidad con nuestra tribu mundial capitalista. Nadie quiere agobiarse, se acabó la política, pues se acabaron los agobios: si alguien está agobiado muérase, muéranse los agobiados, los hambrientos y los perdidos, es el mensaje de entre bastidores. O sea, muéranse de televisión, de asco y hambre en un mundo de limosnas. De la antigua verdad poco queda, ahora sólo se puede disfrutar, caiga quien caiga.

Hay que camuflarse y sacar dinero metafísico, con filosofías incluso, y hasta con sociologías metafísicas. No digo que la metafísica no sea bonita, pero es muy ambiguo y engañoso cierto papel de salvadores del mundo mediante la poética de una metafísica que tiene miedo de mancharse con las repulsivas verdades de nuestra especie. El capitalismo gana: obviamente: vida = pasárselo bien = dinero (entre otras cosas)... ¿y quién tiene el dinero...? Hay que comprar comida, ropa... y estas cosas son las más intrincadas con el poder y sus transportes/distribuciones/producción.

Pasárselo bien no es muy compatible con "la verdad". Se pone a veces entonces una etiqueta a un modo de estar, que como todos los modos es "equivocado", como la vida en sí: equivocada, y entonces ale, a tirar palante y a olvidarse de lo que molesta. Eso te puede ocurrir cuando te encuentras con textos del estilo "situacionista", una forma de crítica que puede parecer algo exagerada pero que atañe a esto que decimos de "la verdad", y que enseguida puede ocurrir que el sagrado individuo animal que somos cada uno lo abandone como algo "desagradable". Textos que sirven a mucha gente para entrar en eso del "pensar", desatan ciertas reacciones.

Ahí van unos extractos de un texto breve sobre el "síndrome del aceite tóxico", que generalizan en algunos temas sobre ciencia/industria, y que son básicos, como un cierto "polo" a tener en cuenta.

Nota: tras el primer párrafo que hace referencia al tema concreto de este pequeño texto (desarrollado en anteriores capítulos y encargado de destapar los manejos del estado-industria-ciencia...), el texto termina con algunas generalidades que no por ser excesivamente "x" (lo que queráis en esa "x") se pueden dejar de lado. El libro se llama "Relación del envenenamiento perpetrado en España y camuflado bajo el nombre de síndrome del aceite tóxico", de Jacques Philipponeau. Précipité editorial.

    A finales del año 1981, el Dr. Muro pensaba que al menos dos mil personas sabían que el aceite no tenía nada que ver con la epidemia y conocían o sospechaban la verdadera causa. Si restamos a políticos, policías, jueces, periodistas y algunos expertos a sueldo, quedan todavía muchos médicos y científicos cuyo silencio ha permitido la organización del encubrimiento. Lo mismo ocurrió en Francia con el escándalo de la sangre contaminada, donde cientos, incluso miles de médicos sabían que los productos sanguíneos prescritos estaban contaminados por diversos virus. Para que unos individuos como Garretta o Tabuenca puedan actuar con absoluta impunidad es necesario que la irresponsabilidad sea algo trivial en los ámbitos científico y médico.

    En un contexto más general, esta irresponsabilidad es la de una época en la que el individuo aislado ya no tiene que preocuparse por las consecuencias de su actividad fragmentada; una auténtica comunidad, al estar mediatizada por relaciones burocráticas o de mercado, ya no existe. Pero en el ámbito que aquí nos interesa, esta irresponsabilidad se ve reforzada por el prestigio del investigador y la confianza ciega en los expertos. El matiz léxico semántico que distingue al sabio del científico y del investigador es significativo: el investigador investiga donde le mandan investigar. De hecho no tiene elección y por lo tanto puede investigar en función de las necesidades de los que le contratan y de la ideología imperante, tanto un tóxico inexistente en el aceite adulterado como las causas genéticas de la homosexualidad o el nuevo tranquilizante que le devolverá la felicidad una población que la ha perdido por el camino. El investigador moderno, aunque disfrute todavía del prestigio de sus ilustres predecesores, se ha convertido ante todo en el peón, definitivamente proletarizado, de una actividad integrada en la industria planetaria. En la mayoría de los casos está condenado a las labores poco gloriosas del laboratorio. Trabajando mucho, mal pagado, ascendiendo penosamente por la escala jerárquica a base de sumisión y arribismo, el descubrimiento de algo extraordinario es su única esperanza para abandonar la mediocre situación de eterno estudiante -y sin embargo con frecuencia es profesor-, salir de la oscuridad y aparecer solo una noche ante las luces del reconocimiento mediático. En efecto, el acceso a la fama científica pasa cada vez más por la autoproclamación publicitaria, aunque ésta se venga abajo en las horas semanas o meses siguientes. Este fenómeno todavía marginal tiene mucho futuro, pues, si para la mayoría de los investigadores la prueba irrefutable de la realidad y del valor científico de su trabajo reside en la publicación de artículos en las revistas internacionales de peso, estas revistas sin embargo ya no pueden ser garantes de la seriedad que les dio la reputación que gozan.

    El director de Nature, John Maddox, se quejaba en Le Monde del 26 de julio de 1989 de la multiplicidad de trabajos erróneos y, todavía más grave, de “una actividad en plena expansión”: “la proliferación de publicaciones deliberadamente deshonestas”, a la vez que precisaba que “por ahora, el fenómeno se limita, en general, a la investigación biomédica americana”. En un artículo dedicado al síndrome tóxico, el único en Francia que cuestionó la versión admitida, se leía: “Por muy sorprendente que pueda resultar, el capitalismo no tiene criterio para evaluar el valor de intercambio de una información científica [...] se supone simplemente que, si una información aparece en muchos artículos, esto significa que puede contribuir a un descubrimiento”.

    La carrera profesional de los investigadores depende principalmente del volumen de artículos publicados, pues la obtención de fondos de investigación está indirectamente relacionada con estas publicaciones y, por otro lado, las revistas han de prevenirse contra los estafadores, los trabajos chapuceros o la autoilusión de los investigadores iluminados. Estas condiciones bastan para explicar la mediocridad y la ortodoxia sin mácula de la aplastante mayoría de las publicaciones. Así es como Nature, ilustrando de maravilla las palabras de su director, publicó muchos artículos dedicados al síndrome del aceite tóxico sin ceder el menor espacio a las hipótesis “alternativas”. Su rival, The Lancet, llegó incluso a publicar los incalificables trabajos del Dr. Tena, director del Instituto Nacional de Toxicología español, y, en total, se publicaron en las revistas científicas más de cien artículos que incriminaban al aceite tóxico. Todas estas publicaciones, amparadas por la OMS y el CDC, alcanzaron rápidamente una masa crítica autojustificativa, donde por muy erróneos que fuesen, ya no se volvieron a cuestionar los postulados de base. Sólo quedó, por lo tanto, una acumulación de publicaciones que los justificaban o utilizaban otros del mismo género, mientras los trabajos alternativos ya no se podían publicar, ya que habrían a la vez condenado al conjunto de la comunidad científica y puesto en tela de juicio el crédito de dichas revistas. En consecuencia, fueron rechazados por no científicos. En una situación así ya no hace falta generalizar el complot para ocultar una realidad criminal o simplemente inoportuna pues la mentira ha adquirido una existencia autónoma e incontestable y puede mostrarse sin ningún pudor; es consecuencia de una situación de hecho: la comunidad “científica” ya no sabe opinar con objetividad sobre la proliferación continua de bluffs mediáticos, de fraudes de todo tipo o de manipulaciones determinadas.

    La “vuelta a lo irracional” en las ciencias es una simple consecuencia del derrumbamiento de todo lo que constituía el fundamento práctico de los conocimientos exactos. Al ignorar reiteradamente “tanto el juicio de espírito como el ardor de los sentidos”, al reprimir la verdad del “valor de uso” de la realidad cualitativa de las cosas, hemos conseguido la desaparición del valor de uso de la verdad: ya no le interesa a nadie.

    De esta manera, Tabuenca, el inventor del aceite tóxico, escribió en un informe global sobre el síndrome tóxico titulado “el SAT ocho años después”: “Durante todo este tiempo, se han celebrado muchas reuniones y se han llevado a cabo muchos trabajos bajo la coordinación de organismos nacionales e internacionales, de comisiones y de sesiones científicas del Ministerio de Sanidad y Consumo, del Congreso, del Senado, de la OMS, del Parlamento Europeo. Finalmente se ha celebrado el juicio del síndrome tóxico, según los juristas el más largo e importante de la historia judicial española. Se ha llegado cada vez a la conclusión de que el aceite era en efecto la causa de la intoxicación [...]. Por desgracia, todavía no se han encontrado más compuestos químicos que las anilidas para explicar mejor los estudios epidemiológicos. Tampoco se ha reproducido la enfermedad con animales de laboratorio, lo que limita considerablemente las investigaciones sobre una intoxicación tan importante y tan rica en enseñanzas para la medicina contemporánea”.

    Semejante texto desmiente los propios fundamentos del método científico. Sin recurrir a ninguna argumentación epistemológica, los Dres Martínez Ruiz y Clavera escribían en su informe de agosto de 1984 sobre las investigaciones del Dr Muro: “Con lo que sabemos de la investigación oficial, dotada con abundantes fondos, de la extraoficial y sin medios del Dr Muro, la principal característica que las diferencia es que este último [por su “aislamiento” impuesto, anteriormente mencionado], se vio obligado a pensar, a tener una visión de conjunto, a rectificar errores y a reflexionar. Ningún medio técnico o financiero puede fabricar unas cualidades tan insólitas en los actuales “especialistas” burocratizados y eso explica las capacidades científicas del Dr Antonio Muro”.

    La fragmentación asociada a la burocratización de la ciencia, la opacidad del saber cientifico como doble resultado del secreto y de la plétora de resultados, así como la regularidad de las consecuencias nefastas de esta ciencia han conducido a la aparición de un nuevo tipo de científicos: el experto. La legitimidad inicial del experto se basa en la complejidad de los procesos técnicos que requiere la industria moderna y la multitud de decisiones administrativas que conducen a su puesta en marcha. El experto es ante todo necesario al Estado para orientarle en su propio laberinto de operaciones y decisiones; está exclusivamente a su servicio. Cuando el resultado de un modo de producción se ha vuelto tangiblemente catastrófico, la función paralela del experto consiste en manipular su percepción y disimular sus causas; su implicación en la producción de la catástrofe, el saber de qué se trata, lo califica incontestablemente para esta función.

    Además, sólo el poder puede autorizar el acceso a la totalidad de la información de un proceso técnico-industrial determinado, y este simple hecho hace inútil cualquier intento de contrainforme que surja de la falsificación manifiesta de las conclusiones oficiales. El contraexperto piensa que la sociedad es fundamentalmente racional, que sólo una falta de información objetiva desvía a los dirigentes y anestesia a la masa de la población. Para romper el muro del silencio hará falta, por lo tanto, o someterse o quedarse en la marginación.

    La industria nuclear en su funcionamiento contaminante ordinario, o catastrófico, es el ejemplo arquetípico de una actividad inhumana donde el experto aparece en la realidad de su función; los únicos expertos eficaces son nuclearistas.

    Esta constatación es de alcance universal pues los disfuncionamientos regulares de nuestra sociedad tecnicista llevan a la conclusión esperada de que sólo el error humano, criminal o accidental, convierte al sistema productivo en nefasto, pues éste está por encima de cualquier sospecha. Saber si es mejor morir irradiado, envenenado químicamente o triturado en la mortaja de acero de la industria del automóvil, que de viruela, tétanos o sífilis es un problema que podría interesar a los moralistas si no hubieran desaparecido ya, con la veintena de especies que lo hacen a diario. En cambio, hay que considerar muy en serio las ideas de los que se plantean fríamente el problema y detentan medios indiscutibles. Su razonamiento tiene la ventaja de la simplicidad: en el mundo de hoy, siendo este el que es, y dado que nada indica que vaya a cambiar, obviamente el hombre ya no está en su sitio, como lo puede constatar cualquiera que tenga un mínimo sentido de la observación. Por lo tanto es urgente recrear uno más adaptado y eficaz. De hecho, y como por arte de magia, las herramientas, las técnicas, el material humano y los programas aptos para activarlos existen en las prometedoras biotecnologías que, más allá de tan destacables promesas, aportan también sólidas plusvalías bursátiles.

    Esta conclusión presenta la ventaja de ser lógica con sus premisas pero puesto que los hechos aportan regularmente un desmentido práctico a la idolatría tecnicista, el trabajo de los expertos consiste primero en negar la realdiad de los hechos y sus consecuencias previsibles, para luego falsificar sus causas.

    Más vale la muerte que el desorden de la verdad, tal es el lema de la ciencia mercenaria actual.

    Para conservar cierto aspecto de ser estadísticamente verosímiles, las conclusiones falsas de tales especialistas deben apoyarse en datos a su vez tanto más fácilmente falsificables cuanto más incomprobables. El 8 de mayo de 1986, unos doce días después de la catástrofe de Tchernobyl, el Ministerio de Sanidad de la URSS adoptaba nuevas normas que mutiplicaban por diez, e incluso en algunos casos especiales por cincuenta, “los niveles de radiación admisibles por la población”. Un método tan expeditivo de salvaguarda de la salud pública no podía mantenerse en secreto durante mucho tiempo: en agosto de 1986, en Viena, los expertos occidentales de la AIEA presionaron a sus homólogos soviéticos para que las previsiones de cánceres inducidos fueran oficialmente divididas por diez para permanecer dentro del límite supuestamente aceptable por la opinión pública mundial. Finalmente, en 1988, el UNSCEAR (Comité de la ONU sobre los efectos de las radiaciones atómicas) adoptó este factor de reducción a la décima parte. Esta cifra es desde entonces la referencia oficial.

    En el caso del síndrome tóxico, donde no se trataba de minimizar unas consecuencias sino de inventar la causa, era necesario ocultar al público los estudios que fundamentaban la falsificación. Durante el juicio contra los traficantes de aceite y a pesar de las reclamaciones de los abogados de la acusación, el CDC se negó a comunicar los resultados del Dr Tabuenca que demostraban la supuesta responsabilidad del aceite. La dirección de la OMS, más cautelosa, anunció que jamás recibió ninguna solicitud oficial de investigación acerca del origen del síndrome tóxico y que sus especialistas habían trabajado a título individual, por lo que eran los únicos responsables de sus conclusiones.

    Según el racionalismo típico de Bertrand Russell, la victoria de la ciencia sobre la teología fue una victoria de la observación sobre la autoridad. Esta fórmula tiene el mérito de resumir en pocas palabras la ideología cientificista, pero ¿qué puede hoy la observación frente a la autoridad y a su sistema de ilusiones? ¿Acaso se ha visto brotar de este ámbito una luz de conciencia auténtica, capaz de mostrar en su absoluta crudeza la ruina de los cuerpos y de las almas, de la totalida del mundo de los hombres?

    La famosa objetividad científica detrás de la que se esconden todos los organizadores del desastre actual no es más que la irresponsabilidad de una actividad fragmentada, limitada al mero conocimiento mecánico de la materia. La dominación de la ciencia sobre la sociedad es a la vez sumisión y dimisión, descomposición irreversible de los antiguos pilares del pensamiento racional.

    En su ensayo de 1946 titulado “The Prevention of literature”, Orwell observaba que “actualmente mucha gente se escandalizaría si se falsificase un manual científico pero no un hecho histórico”, que las ciencias exactas todavía no estaban amenazadas por el azar y que eso explicaba “en parte el hecho de que en todos los países los científicos se alinean más fácilmente con sus respectivos gobiernos que los escritores”. Medio siglo después, observamos el progreso realizado en este aspecto: el mundo científico ha manifestado tanto su acuerdo con todos los gobiernos que ha activado, sin ninguna reticencia, los mecanismos de corrupción que gangrenan al conjunto del cuerpo social.

    Un buen conocedor, testigo de otros desastres, observaba que en la guerra las palabras no valen y que ningún discurso puede ocultar la derrota. Lo que la guerra concentra en la rapidez de los resultados se apica a la historia en general. La ciencia hubiera podido ser algo diferente, como la autoafirmación de la humanida evocada por Pico de la Mirándola cuando el saber objetivo tenía todavía un futuro prometedor, pero este programa se ha invertido hacia el equipamiento técnico de una inconsciencia cada vez mayor y la ciencia no ha podido ni querido ser dueña de su empleo: es un hecho, y un hecho muy abrumador, pues un saber que no se preocupa por sus resultados se condena a sí mismo. Y llegamos al final de este decepcionante viaje.

    Esa armonía especial que todavía se mantiene entre la inconsciencia social generalizada y un mundo armado de una capacidad técnica sin límites promete una sola cosa: todo lo que es realizable y rentable se hará sin que ningún dispositivo reglamentario, ningún comité de ética, ningún “escándalo” lo pueda impedir.

    Hace 30 años, cuando todo hacía pensar que se podía cambiar el rumbo de la historia, la pregunta universalmente planteada fue formulada muy sencillamente: “¿Por qué deberíamos aceptar ingerir venenos bajo el pretexto de que no son del todo letales, vivir en un entorno no del todo insoportable, relacionarnos con seres no del todo enemigos, oír ruidos de motores no del todo suficientemente estridentes como para volvernos locos? ¿Quién desearía vivir en un mundo cuya característica es no ser del todo mortal?”

Batman, Nacho Vidal y una cópula* con Gallardón

(*Una cópula gramatical, se entiende.)

Quizá ocurre casi siempre, y le pasa a todo el mundo, pero a veces cuando sales de ver películas en las que gana "el bien", "los buenos", te queda cada vez peor sabor de boca. Con Batman begins (bb) puede pasar eso, aunque bueno, es entretenida, papabullante.

Pero al grano, acontecimiento en el cine, increíble: resulta que en un momento de la película el malo dice que para esa mierda de vida que llevan en la ciudad de Gotham -véase, Nueva York- pues mejor acabar rápidamente con ella, con esa no-vida, que a grandes males grandes remedios. Y bien, en parte tiene razón. La solución del niño bien, el bueno, es la de la lenta esperanza de los que van tirando más que bien, aquello de que poco a poco se puede cambiar... pues todo va más o menos bien mientras él siga mandando y recibiendo los lujos de ese poco a poco... todo bien. Se entiende quizá que como es una película para niños se pueda ser tan ingenuo, pero qué buena* esta conversación que tienen el malo y el buenísimo (* "buena" en el sentido argentino).

El niño bien se ha podido permitir el lujo de viajar a conocer y a instruirse en el cuidado e incluso disciplina "oriental", ese sencillo y constante buen uso y mantenimiento del cuerpo humano, tan "necesario" de generalizar en occidente, por cierto. Luego su criado le viene a buscar en su jet particular y así, ya, con todo ello, -con lo mejor de los dos mundos: digamos, del mundo neorrural y del mundo de la academia occidental y sus monsergas trascendentalizantes que ahora mismo ya se están desmontando poco a poco... se dispone a hacer un poco más llevadera la vida a los habitantes de Gotham.

Era aquarius, ya lo dice el anuncio.

No sé si he entendido bien todo en bb, peli que podemos decir que es una especie de acontecimiento ingenuo-filosófico pro-capitalista -acontecimiento como fue también en nuestra especie espectacular aquel de Matrix- (...lo de entender lo digo porque ver las películas con subtítulos y en el dichoso inglés al que desde siempre "le tuve manía", pues lía bastante -pues cuando entiendes algo... no se puede tener la cabeza en dos idiomas, a veces-.)

Hay algo que salvar en Gotham... aún hay oportunidades... jeje. Mira que tienen estómago estos niños bien de la ciudad, criados entre los frescos campos de las afueras, con abundante leña en invierno y prados en primavera, millones de libros en las bibliotecas de la mansión, criados... y que sólo van a cosas buenas a la gran urbe. Gotham es un sitio lúgubre y podrido. Pero la belleza de los protagonistas pijos pretende hacernos creer que "se merecen estar vivos" como ninguno, y ser ricos y estar ricamente ocupados en la justicia (la chica), y en la justicia semi-injusta (batman), y ser jefes de sus empresas que heredaron... vamos, seguir con la cosa esa tan excitante del poder, aunque sea el poder para "hacer el bien"... Esto es, la justicia como poder hacer más llevadero el sufrimiento poco a poco. ¡Viva el sistema! Pero bien hayado nuestro sistema ¡que podemos parchearlo! Que lo propio es tener ánimos pragmáticos, ser valientes, cuidar de tu ciudad... vamos, un estilo a nuestro madrileño alcalde Gallardón, que todo lo piensa tanto... es tan globalmente listo... y todo lo reconstruye tanto... Gallardón-batman el antiglobalizador.

Batman es la versión vulgar y capitalista de los libros de autoayuda que escriben emparanoiados los filósofos leídos del nuevo trascendental espectáculo (espectáculo para "mentes prodigiosas") que nuestra especie de monitos ha puesto en marcha hace mucho, los intentos filosófico-redentores de disparatados estilos y en conjunto -y sólo en conjunto- quizá "útiles" (útiles sólo para aparentar mejor -sólo si ya tienes un (pseudo)cargo o voz para poder cobrar honorarios por no hacer nada- aquello de que te interesas por cambiar el planeta y las concepciones deominantes)

Y mientras, seguimos alimentando con nuestros cuerpos el dichoso poder y sus redes, seguimos también teniendo el dinerito que caracteriza en nuestro sistema a esa cosa que llamamos "libertad", que no por nada vivimos en sitios donde ciertamente podemos permitirnos los lujos de desterritorializarnos múltiple y largamente: no tener que preocuparte por la comida... vivir como nómadas de supermercados, votando desde el televisor todos los días por el pirateo de los recursos mundiales, y todo para poder tirar todas las noches mucho plástico al contenedor, encima de una gran cadena de producción(derroche brutal) mundial de todo tipo de cosas -ahora dependientes de esa cosa tan primitiva llamada petróleo-. Ay, esa cantidad x de ese desterritorializado y universal dinero más o menos asegurada, permitiéndote no pensar demasiado en banalidades, y el darte a trepar durante toda la vida, a enroscarte en muy diversos mundos de inutilidades varias, por esas escaleras social-sonrientes que para ello parecen dispuestas: por ejemplo hacerte de la esfera de los que "salvan el mundo", de muy diversas maneras (por ejemplo en las del racismo intelectual... etc.). Es el progreso chicos, el "avance de la cultura", jeje, puaj. Se me atraganta el petróleo, perdón por el escupitajo.

En bb, la supuesta ideología humanista que pudiera tener el espectáculo en cierto modo se autodenuncia. El hecho de que los ricos aparezcan trabajando en esos gigantescos edificios es sin duda lo que contiene una carga mayor de ciencia ficción en esta bb, pues me temo que éstos señores obviamente se pasan más bien todo el día en sus islas particulares. Luego tenemos lejos de la ciudad unas bellas y clásicas mansiones, fuera de esta suplente cómica de Nueva York -Gotham- alejadas mansiones en campos siempre verdes y fértiles, que casualmente es adonde se retiran nuestros maravillosos salvadores del mundo cuando no están trabajando en ello.

Si tenéis suerte vuestra vida se parecerá a la de batman lejanamente, en lo superficial, y además no demasiado pronto, quizás. Quizás cuando ya estéis por lo que sea medio impotentes, mil veces más feúchos u os haya destrozado literalmente el cerebro -o el cuerpo- el mundo del trabajo... (y todo eso sólo si tenemos la suerte de conseguir suavemente una transición desde el petróleo a otra cosa que nos cultive o nos mantenga en el mismo número, si no moriremos cual ratillas):
iréis creciendo y sin daos cuenta, si no pensáis y/o paráis demasiado, si no os aisláis pero sobre todo si heredáis algo... pasaréis a jugar a ese juego de rol que llamamos sociedad, un juego muy humanista: trabajaréis sufridamente, quizá incluso en alguna administración voluntariosa de algo parecido a una ong de esas que administra el caos, con esfuerzo podréis retiraros de vez en cuando a algún sucedáneo de mansión clásica, en sitios menos guerreros que una gran ciudad aunque quizá no en sitios tan verdes como Batman, fuera de esas grandes urbes que se convierten en campos de batalla de ese otro juego que es el "a ver quién hace más dinero y tiene más trabajos durante más años" para conseguir comprarse casas y cosas ya sea en este país o bien en el de procedencia (sud-américa, etc.), o meramente sobrevivir.

Y bien ¿y Nacho Vidal?

Pues recién me merendé gratis su biografía en una famosa librería de Madrid. Es lo que tiene vivir en este horrible barco-ciudad petrolífero humeantemente desterritorializado como cualquier ciudad con algo de dinero, que puedes estar a la moda gratuitamente. Recientita la biografía, al parecer, es un libro rojo con bastante y muy literario texto, a ratos estilo marqués de Sade.

Nacho tiene también un coche fantástico como Batman. También como todos busca estabilidad emocional, en definitiva y finalmente, como ocurre en bb, ya que Batman anda enamorado, tiene su corazoncito y es animal humano aún (íntegro, pues no se la ha cortado en ninguna práctica extraña (la integridad moral tiene que ver nada más y nada menos que con el estado y abundantes prácticas de tu pene/clítoris/vagina, así que cuidado, por decirlo pronto y mal, no te atrofies). Pero Nacho participa en películas-documentales sobre su especie y en concreto sobre sí mismo y otras mujeres y hombres, sexualmente hablando, ya que es actor porno. Y Nacho es o está muy íntegro, claro. Ninguna mejor medicina que el sano apego a la vida que profesa combinado con las prótesis como las cámaras, los aviones, su BMW... eso sí, Batman tiene unas prótesis mucho más técnicas, pero bueno, es la época que nos tocó vivir. Batman es del futuro.

Como Batman, Nacho, nuestro precoz atleta y magnífico amante -es tiernísimo y muy sesi verle en acción, uno se siente hasta mujer mirando tal cosa- surfea en el capitalismo, lo usa, lo pone a su servicio más o menos sin querer desde pequeño para "disfrutar de la vida" y ya está, sin demasiados masoquismos -caigan las áfricas que caigan, obviamente- aunque no es tan falso y asquerosito como el Batman que tiene que bregar y engañarnos dentro de la tremenda matriz humanista. Ocurre que Batman quizá se sienta más sometido por los medios del espectáculo, recordemos las imprecaciones de su criado con eso del "nombre del padre", el prestigio... Batman tuvo la desgracia de heredar algo que es del estilo de un cargo como el de rey, el de nuestro rey por ejemplo, una empresa... etc. Batman come, folla, ríe y disfruta tanto como Nacho, pero además de tener su dinero y su empresa tiene que luchar también "por el qué dirán" y mantener la compostura humanista. Animalico. Los ricos también lloran. Qué duro es estar en el candelero en ciertos ámbitos, aunque qué divertido.

Todo el mundo quiere en realidad "una misión". Espabilad, que tenéis que colocaros prontísimo, sonreíd para la foto, que si no más tarde lo más sencillo es que caigáis entre los miles de millones de "personas normales", que sufridamente aguantan la compostura para que haya de esa cosa: la subnormalidad de los "mejores". Eso sí, estéis donde estéis uno de los mejores libros de autoayuda -a completar con otros- quizá sea esta biografía de peNacho Vital.

Las misiones posibles están circunscritas en miserables Gotham, y a veces en miserables vidas sin tiempo... Obviamente no es fácil encontrar nuestra misión, que a menudo ocurre que en cuanto a eso de las e-misiones esto da como mucho para dimitir pedos.

Bien poco le ha costado a Gallardón sacar a relucir una cita del quijote, en algunos carteles en Madrid, cita que es algo así como "Mira que el que busca lo imposible, es justo que lo posible se le niegue". A mí lo único "posible" que se me ocurre a bote pronto es por ejemplo el tirarse pedos, así que este te lo dedico, te galardono con uno, Gallardo gallardón, qué digo uno, sólo uno... no voy a ser yo quien te niegue lo posible ¡toma 2012 soberanos pedos!, patético y eterno ovopositor.

La pesadilla de Darwin

Este embarazoso documental hecho con mala uva: "la pesadilla de Darwin", desata todo tipo de sensaciones. Por ejemplo empecemos con que tras verlo te dan aún mayor risa de la normal nuestras trascendentales discusiones filosófico-políticas y formas de trepar por el duro mundo del comer de la nada y aparentar mucha felicidad y buen físico... (autores, libros, filosofías, sistemas, no-sistemas...).

Uno de nuestros "sistemas" de pensamiento-acción, en occidente, en el mundo, el de la economía, queda muy bien retratado como lo que es: palabras (menos-que-)mágicas que hacen de pantalla trascendental ante la realidad: el europeo encorbatado de turno aparece dando un sermón en África acerca de lo bien que se dejan robar los pobres tontos ignorantes, y todo ello con palabras adecuadamente científico-económicas, claro.

Los saberes librescos a los que uno se ha podido acercar y que de entrada puede que den menos risa viendo películas de esta simple crudeza -y pensando en ello mientras- son quizá los de la antropología más básicos, aquellos libros maravillosos que por ejemplo te pintan una "tribu" con todas sus inteligencias y desinteligencias fielmente pegadas a sus objetos de uso, etc.

Viendo esta película me han dado vergüenza hasta las matemáticas, por ejemplo, qué cosas.

Una "maravilla del pensamiento-acción humano" oc(sui)cidental esto del analizar -con la antropología- los mundos comprimidos de nuestra especie, maravilla que aplicándose a la sociedad occidental, por ejemplo en la faceta que llaman "la ciencia", ya es hoy en día una gozada bien crecidita. Esta película es en parte antropología de un mundo algo menos comprimido de nuestra especie, un mundo "global", y aunque no le hayan puesto música sí que queda algo de intención estética, claro, de esa intención sobre la que por ejemplo hablaba hace 10 años S. Alba Rico y de la que decía algo así como que ambiguamente transformaba lo peor de lo sucedido en algo "que había merecido la pena" por el hecho de sentirnos conmovidos ante la pantalla de televisión... sentados... como siempre.

Detalles y guiños en la película no faltan, para interpretaciones... Es increíble el final, donde un inocente chaval -lógicamente y sin saber quizá cómo funcionaba la cosa- de mayor quería ser piloto de aviones, con una sonrisota en la boca, aviones de esos que se llevan el pescado u otros alimentos y traen armas que los niños y adultos africanos de todos los países compran o reciben para matarse entre sí (deporte continental este, así como nosotros aquí arriba -los que nos comemos los filetes y no las raspas podridas- tenemos el fútbol, ahora).

Y bien, tras esto, a seguir "viviendo" estúpidamente, "sabiendo" como siempre de todo ello. Y a algunos de nosotros incluso se nos implanta una inmensa sonrisa en la boca -"que si no no se puede hacer nada" :) - sonrisas como las del inocente chaval negro pero con una sencilla diferencia, él come raspas -si come- (no lo digo con acritud, sólo es lo que hay), y tiene más lejos el día de su "doctorado", o su "ascenso", o su continuidad en su brillante carrera de lo que sea... ese ascenso o cambio que todos esperamos para quizá entonces poder "cambiar el mundo" pero cobrando un poco más, pasándolo algo mejor y teniendo cierta estabilidad y seguridad simbólico-monetario-esférico-personal.

Puta mierda de vida real, en qué hora nos haremos mayores en medio de todo este humanismo.

(La foto es de Bloguetaire)

(Ah, y me hice este blog porque vi en el blog de "Comentarios de un aspirante a todo" un comentario sobre este mismo docu"mental".